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Volver a la oficina: la importancia de cuidar de la salud mental

Volver a la oficina: la importancia de cuidar de la salud mental

A medida que los empleados van dejando atrás el teletrabajo, las compañías deben prestar atención a factores que van más allá de preparar las instalaciones para reducir la posibilidad de contagio.

Tras el confinamiento obligado de la pandemia, muchas empresas se preparan para reincorporar a sus empleados a sus lugares de trabajo. Las empresas están desarrollando planes para volver a trabajar de manera segura, pensando en los horarios, la distribución de las mesas, las políticas de visitas, el uso de ascensores y de la cafetería… Sin embargo, no es solo el bienestar físico lo que deben tener en cuenta: igual de importante es cómo responderán a la salud emocional y psicológica de los empleados, un tema que sigue siendo tabú y que ahora cobra especial importancia.

La ansiedad y la preocupación por la situación actual es casi universal. Es normal sentirse así: “Estamos acostumbrados a estar en un contexto con más certezas, en el que se podían planificar las vacaciones y contar con que los niños irían al colegio. Ahora eso ya no existe”. Esto genera mucha ansiedad, pero “se trata de un mecanismo de defensa y es habitual que se sienta cuando, por ejemplo, tenemos que ir a un sitio que creemos que puede ser amenazante para nosotros”.

“Cuando los trabajadores tengan que incorporarse a sus puestos, muy probablemente tendrán pensamientos negativos y preocupaciones acerca de si la seguridad es suficiente o si están volviendo a trabajar antes de tiempo. También se preocupan del futuro de la empresa y por la estabilidad de su puesto de trabajo”. Tener estos pensamientos puede llegar a ser inevitable en estas circunstancias: muchas veces, aparecen de forma automática. Así que si no se pueden anticipar, al menos sería aconsejable aprender a gestionarlos. Por eso es tan importante deshacerse del tabú de acudir a terapia en un momento tan delicado como este.

Pero la salud mental ha sido un tabú siempre, también en los lugares de trabajo, donde los empleados temen sentirse juzgados. “Que alguien vaya al psicólogo sigue todavía asociado a problemas graves, no hay una conciencia del apoyo que supone también para la gente sin trastornos. La mayoría no hemos recibido educación en inteligencia emocional, por ejemplo, y tenemos que aprenderlo posteriormente”.

El estigma del psicólogo

La situación actual puede ser una buena oportunidad para reducir el estigma. “Hay que aprovechar que nos ha pasado esto para que nos demos cuenta de la fragilidad que nos rodea y facilitar que las personas trabajen de la forma más estable y reconfortante posible”. Quizá en la conciencia colectiva ahora está más justificado que alguien vaya a terapia.

Qué pueden hacer las empresas

Los expertos están de acuerdo con estas recomendaciones: “Igual que las empresas buscan programas para facilitar un buen desarrollo y una buena salud física, también tienen que empezar a pensar en un servicio de psicología donde se pueda atender, orientar y prevenir muchas dificultades”. “El entorno laboral tiene que dotarse de unas características que facilite la estabilidad emocional y eso se puede hacer cambiando la forma de organizar el trabajo, la comunicación o creando un clima emocional libre de tabúes”.

El apoyo entre compañeros y la cultura de la empresa también son fundamentales. Los jefes podrían familiarizarse con las señales de advertencia de angustia emocional, dedicar más tiempo para comunicarse con sus empleados y ayudar a los miembros del equipo a comprender qué está y qué no está bajo su control. La ansiedad se reduce también a medida que los empleados se reencuentran con sus colegas. La cuarentena y el distanciamiento social han hecho que las personas pierdan sistemas de apoyo y mecanismos para afrontar la tormenta que de otro modo les habrían ayudado a sortear.

Muchas empresas necesitarán mejorar las prácticas actuales, complementando programas de salud mental externos con una mayor capacidad para lidiar con el estrés, la ansiedad y la incertidumbre. Esto implica desarrollar una conciencia interna, sensibilidad y capacidad para abordar las preocupaciones de los empleados.

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